Carpa Blanca, educación argentina en emergencia






La Carpa Blanca, muy famosa en su momento (desde el '97) y prácticamente olvidada 10 años después, fue todo un símbolo del estado de la Educación argentina en década del '90.
Obviamente, las causas se remontan a muchos años antes, como todo lo que sucede en esta sociedad, y sus consecuencias siguen marcando a fuego la calidad de la enseñanza en el país. Por eso, la mirada de Carlos Alberto Torres, Profesor y Director del Centro de Estudios Latinoamericanos -UCLA (University of California, Los Angeles)-, realizada a un año -'98- de la instalación de la Carpa Blanca, y desde Los Angeles, EE.UU, tiene la virtud de ser extraña y cercana al mismo tiempo. Tal vez como puedan sentirse hoy muchos de los que protagonizaron aquella "empresa" a favor de la educación argentina.

"Visto desde la ciudad de Los Angeles, donde escribo esta nota, la pregunta no podria ser más paradojal. ¿Cómo es posible que la educación pública argentina, distinguida como pocas en la formación de generaciones de ciudadanos, necesite ser defendida en este momento?
Mirando los datos estadísticos, la pregunta deja de ser paradójica. Un maestro argentino recibe un salario docente sin contar antigüedad, pero incluyendo el básico, el adicional de bonificación,
adicionales por remuneración y presentismo que es, en promedio nacional aproximadamente $2800 dólares por año más beneficios sociales.
Salvando las distancias, comparado con el salario inicial de un maestro en el condado de los Angeles, que es aproximadamente $24,000 dólares por año más beneficios sociales, el salario magisterial argentino empalidece, y comparado con el valor estimado de la canasta familiar básica del Indec (junio 1997) de $1,605 luce como claramente insuficiente."

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